Argentina es un país maravilloso. Un espacio libre, libertino, libertario, donde imponemos tendencias universales y le damos al Mundo un poco de la Luz que le hace falta. Nosotros, los argentinos, somos la vanguardia de la posmodernidad y los modales new age. La Revolución Francesa es un poroto en comparación con la invención del dulce de leche, medir avenidas como Rivadavia o la 9 de Julio, o avalar desde la legitimación las decisiones judiciales que se imponen por estos pagos.
Hace pocos días se hizo vox populi que una jueza había autorizado el primer casamiento gay en el país, que sentaría las bases de una nueva jurisprudencia. Y que consten actas, porque ayer otra jueza, un poco más tradicional y conservadora, anuló el fallo, respaldándose en la Sacra Constitución que Nuestros Padres supieron construir. Matrimonio anulado, por lo menos por ahora.
Como buen librepensador que soy (un intelectual siempre tiene que tener tiempo libre para pensar sobre cualquier tema social que pulule por ahí, y tener una opinión propia, injustificadamente propia), llegué a otras conclusiones. Voy a mandar al Congreso una serie de propuestas innovadoras, creativas, revolucionarias y bien argentinas, que espero puedan complementarse con otras que aporten ustedes, ávidos lectores. Las principales serían, a saber:
1. Legalizar la esclavitud, sobre todo de negros, paraguayos y habitantes de Lezama.
2. Hacer obligatorio el trabajo en minas, cañerías y basureros, para todos los niños menores de 11 años que no acrediten una posición social privilegiada.
3. Convertir el voto secreto, universal y obligatorio en un sufragio censitario, sólo disponible para los residentes de Zona Norte, Belgrano, Palermo y Recoleta. Podrán votar además todos aquellos honorables ciudadanos que demuestren poseer un capital superior al millón de libras esterlinas, tengan doble apellido (chilenos y colombianos, abstenerse) o hayan jugado al rugby alguna vez.
4. Sancionar con la pena de muerte a todos aquellos criminales que sean hallados en la vía pública fumando faso, caminando borrachos o histeriqueando con alguien del mismo sexo.
5. Prohibir la publicación en blogs, páginas de Internet y muros de Facebook, de notas como ésta.
6. Clausurar todas aquellas publicaciones que puedan resultar subversivas o dañinas contra la moral pública, como el suplemento Ñ, la revista Prometheus o la página de la Loca de Mierda.
7. Imponer como obligatorias ciertas lecturas desde la más temprana infancia: El canon occidental, Aprender a escribir, ¿Quién se ha llevado mi queso?, El Código Da Vinci y Los Casquivanos.
8. Dividir las escuelas según el sexo de sus estudiantes: los nenes con los nenes, las nenas con las nenas, los anormales con los anormales.
9. Repartir volantes en la calle, informando a la población acerca de quiénes serán considerados “anormales”: alcohólicos, drogadictos, homosexuales, sujetos con problemas de identidades múltiples, ladrones, falsos profetas, judíos, enanos, gordos, los que prefieren Pepsi, magos, freaks, artistas, plomeros sin matrícula, boy scouts, los nacidos en Villa Ortúzar, viajantes de comercio, marcianos y miembros de la oposición.
Léase, notifíquese y archívese.
Será justicia.